La serpiente de tus pesadillas existió: La Titanoboa

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Imagina la mayor serpiente del mundo. Sería probablemente una anaconda, ¿verdad? Ahora toma esta imagen, y amplíala, hasta 3 veces y alcanzar casi los 15 metros. Ahora toma el grosor y amplíalo hasta que te alcance la cintura. Quizás ahora estés pensando en el basilisco de Harry Potter, pero en vez de un ser mitológico, lo que prácticamente tienes es una muy real Titanoboa.

Titanoboa: Serpiente monstruosa: Smithsonian Channel presentó una réplica científicamente exacta a tamaño real de la Titanoboa, la mayor serpiente que haya habitado la Tierra, en la Grand Central Terminal un jueves por la mañana para sorpresa de viajeros. Este mastodonte de casi 15 metros vivió hace 60 millones de años justo tras la extinción de los dinosaurios. Imagen: Mark Von Holden/Smithsonian Channel – Photo ID: smithsonian_titanoboa_284

No sólo es la serpiente más larga y más pesada descubierta hasta la fecha llegando a pesar 1.135Kg, sino que se cree que pudo ser el animal no acuático mayor de su época. Vivió durante el Paleoceno, en regiones tropicales, y su alimentación era principalmente piscívora. En la imagen se puede apreciar una Titanoboa engullendo un Dirosáurido, un animal lejanamente relacionado al cocodrilo, que llegaba a alcanzar los 6 metros de longitud. Para hacernos una idea, el Dirosáurido te comería a ti, y la Titanoboa comería al Dirosáurido. Se cree que nada comía a la Titanoboa.

El Paleoceno es la época geológica que transcurrió desde la famosa extinción de los dinosaurios al final del Cretácico hace unos 66 millones de años (aunque muchos conozcamos la citada fecha como hace 65 millones de años, la edad geológica comenzó hace 66) y duró 10 millones de años. Con muchos de los grandes depredadores extintos de dicha época, como el Tirannosaurus Rex, el que se cree fue el mayor carnívoro de su ecosistema, la  Titanoboa se llegó a coronar como el depredador indiscutible de su era.

Fotograma del documental “Titanoboa – Serpiente monstruosa” del Smithsonian Channel de 1 de abril de 2012

Los primeros fósiles encontrados fueron en las minas de carbón de Cerrejón, en la Guajira, Colombia en el año 2009. Hasta entonces se desconocía que hubieran existido serpientes tan descomunales, y las únicas imágenes que nos podían dar una idea de ellas formaban parte de la ciencia ficción, con películas tan mediocres como Anaconda.

De hecho, se cree que tanto las Anacondas como las Boa Constrictor descienden directamente de la Titanoboa, ya que guardan similitudes morfológicas únicas. Este tipo de serpientes utilizaban el método de la constricción para matar a sus presas, y se estima que eran capaces de ejercer una presión de hasta 30Kg por cada centímetro cuadrado, que es una compresión brutal.

Hoy en día sorprende que hayan existido animales de (a nuestro modo de ver) tan inusual tamaño, y esto nos trae toda una batería de preguntas acerca del hábitat de la época, la composición química de la atmósfera, la concentración de dióxido de carbono, la temperatura del planeta, y muchas otras. Con el descubrimiento de la Titanoboa, se pudieron extraer datos sobre el posible ecosistema en que habitaba este depredador. Dado que las serpientes son de sangre fría, este descubrimiento implicaría una temperatura en los trópicos mayor que la inicialmente estimada, promediando los 30 °C según un estudio publicado en la revista Nature. Dichas temperaturas medias posibilitarían el crecimiento de esta especie de serpiente hasta alcanzar dimensiones mucho mayores que las serpientes actuales.

Imagen comparativa de la Titanoboa encontrada en 2009 con el ser humano. Esta Titanoboa no debió ser la mayor, y se estima que un espécimen podía alcanzar casi los 15 metros de longitud.

Por otro lado, existen expertos que aseguran que no son necesarias unas temperaturas medias tan altas. A modo de ejemplo, otro estudio realizado en 2009 y publicado en Nature utilizó el mismo modelo matemático con el que se habían predicho las temperaturas anteriormente mencionadas, y concluyó que, siguiendo el mismo patrón, ciertos fósiles de lagartos australianos deberían haber alcanzado los 10 metros de longitud, lo que obviamente no es el caso. En otra crítica alternativa, el especialista en biomecánica Mark Denny apuntó que una serpiente de semejantes dimensiones produciría tal calor metabólico que la temperatura ambiental debió de ser al menos 6 grados menos de los 30 estimados, ya que de otro modo la serpiente se habría sobrecalentado.

En cualquier caso, probablemente sea el tipo de animal que prefiramos ver en fósiles antes que acechándonos en el parque. Aunque quizás no hubiéramos despertado su interés por ser un bocado tan pequeño para ella.

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2017-02-06T13:18:02+00:00