Desclasifican cientos de impactantes películas recuperadas de pruebas nucleares

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Los Estados Unidos realizaron 210 pruebas nucleares atmosféricas entre 1945 y 1962, con múltiples cámaras capturando cada evento a velocidades de unos 2.400 fotogramas por segundo. Pero en las décadas transcurridas desde entonces, cerca de 10.000 de estas películas quedaron olvidadas, esparcidas por todo el país en bóvedas de alta seguridad. No sólo estaban acumulando polvo, sino que el material de la película se estaba descomponiendo lentamente, llevando a los datos que contenían al borde de la perdición total. [Además, a día de hoy utilizamos los restos de aquellas detonaciones para análisis científicos, desde comprender la formación de la Luna hasta determinar la edad de los tiburones.]

Durante los últimos cinco años, Greg Spriggs, físico de armas del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL) y un equipo de expertos en cine, archivistas y desarrolladores de software se han embarcado en una misión para capturar, escanear, volver a analizar y desclasificar estas películas en descomposición. Los objetivos son preservar el contenido de las películas antes de que se pierda para siempre y proporcionar mejores datos a los científicos de la era posterior a la prueba, que usan códigos informáticos para ayudar a certificar que el envejecido arsenal de disuasión nuclear de los Estados Unidos sigue siendo seguro y eficaz. Hasta la fecha, el equipo ha localizado alrededor de 6.500 de las 10.000 películas creadas durante las pruebas atmosféricas. Alrededor de 4.200 películas han sido escaneadas, entre 400 y 500 han sido reanalizadas y alrededor de 750 han sido desclasificadas. Un conjunto inicial de estas películas desclasificadas (pruebas realizadas por LLNL) han sido publicadas en la lista de reproducción de LLNL en YouTube (que puedes ver más abajo).

Vídeos de las detonaciones nucleares ocurridas en Estados Unidos entre 1945 y 1962. El primer vídeo es una entrevista a Greg Spriggs, y a partir del segundo puedes ver la recopilación de detonaciones nucleares.

“Cuando abres una de esas latas, se puede oler el vinagre, que es uno de los subproductos del proceso de descomposición de estas películas”, dijo Spriggs. “Sabemos que estas películas están a punto de descomponerse hasta el punto de convertirse en inservibles. Los datos que estamos recopilando ahora deben ser conservados en forma digital, porque independientemente de lo bien que se traten las películas, independientemente de lo bien que se conserven o almacenen, se descompondrán. Están hechas de material orgánico, y el material orgánico se descompone. Eso es todo. Nos embarcamos en este proyecto justo a tiempo para guardar los datos”.

‘Las respuestas tenían un sesgo de un 30 por ciento’

Desde su inicio, el proyecto presentó una serie de obstáculos. Llevó varios años localizar las películas, y cuando Spriggs consiguió hacerse con el primer puñado, carecía de un escáner que pudiera reproducir la densidad óptica en las películas. Tardó cerca de un año en convertir un escáner como los de Hollywood en uno que pudiera proporcionar el nivel de precisión científica requerida. Luego tuvo que localizar las hojas de datos de la prueba, porque sin saber la ubicación de la cámara, su velocidad y la longitud focal, no sería capaz de analizar las películas. Una vez que Spriggs completó los primeros escáneres y se dispuso a proceder con el análisis, descubrió que gran parte de los datos publicados estaban equivocados. Todas las películas tendrían que ser reanalizadas.

“Cuando te dispones a validar tus códigos en el ordenador, lo que quieres es utilizar los mejores datos posibles”, dijo Spriggs. “Estábamos hallando que algunas de estas respuestas tenían un error de un 20, tal vez un 30 por ciento. Estas cifras son muy altas para hacer la validación de código. Una de las recompensas de este proyecto es que ahora estamos recibiendo respuestas muy consistentes. También hemos descubierto cosas nuevas acerca de estas detonaciones que nunca antes se habían visto. Por ejemplo, las nuevas correlaciones están siendo utilizadas por la comunidad forense nuclear”.

El método de análisis en los años cincuenta y sesenta era manual. Los equipos de analistas usaban una herramienta llamada un kodagraph para ampliar la imagen de un solo fotograma, reflejarla en una rejilla y medir a ojo la bola de fuego y la onda expansiva. Con tantos fotogramas para analizar manualmente, la compañía que originalmente capturó estas películas empleó alrededor de 1.000 analistas. El equipo de Spriggs se puede contar con una sola mano. La clave para progresar significativamente en el análisis de todos estos fotogramas sería formar un equipo de expertos en cine y aprovechar las tecnologías modernas para automatizar el proceso.

Una máquina para la automatización

(Imagen ampliable) Jim Moye examina una película de un test nuclear antes de procesarla. Imagen: LLNL

Al principio del proyecto, quedó claro que esto no iba a ser un trabajo de un solo hombre. Lo primero que hizo Spriggs fue invitar a un par de expertos en cine. Jim Moye se unió al equipo después de hacer carrera propia como un experto en el manejo de películas raras. En los círculos de la industria, es famoso por haber sido confiado por el Smithsonian Institute el manejo de una de las únicas copias restantes de la película que documenta el asesinato de Kennedy. Pete Kuran, autor de “Cómo fotografiar una bomba atómica”, trajo consigo la experiencia única en la localización de documentos olvidados desde hace tiempo, indispensable puesto que tenían que localizar las hojas de datos para cada película. El equipo colaboró ​​con compañeros del Laboratorio Nacional de Los Alamos (LANL por sus siglas en inglés), manteniendo una estrecha colaboración con su archivista Alan Carr para obtener acceso a las películas de las pruebas en los sótanos de LANL. Y Spriggs aprovechó la experiencia presente dentro del LLNL, llamando a desarrolladores de software como Ben Kowash y Jason Bender para crear herramientas con MatLab y Python para automatizar procesos que requerían mucho tiempo.

Uno de estos procesos que tuvo que averiguar el equipo automatizado fue la velocidad real de los fotogramas de cada cámara. La película pasaba por el obturador de cada cámara con tanta rapidez (miles de fotogramas por segundo) que existía una inevitable variación entre cámaras. Para Spriggs, obtener una medición precisa de la velocidad de los fotogramas de cada cámara era esencial para medir el crecimiento de la bola de fuego y determinar con precisión los resultados de la prueba. Analizar la velocidad de los fotogramas manualmente podría requerir de ocho horas para una película de dos segundos. Con el nuevo software, la velocidad de fotogramas de la misma película podía ser determinada en aproximadamente cinco minutos. Otra pérdida de tiempo que Kowash ayudó a aliviar fue la de leer el tamaño de la onda expansiva de un fotograma a otro, algo que podría tardar días en completarse manualmente para cada película.

“Es increíble cuánta energía se libera”

(Imagen ampliable) Operación Crossroads. Test nuclear en el atolón Bikini en 1946. Imagen: Departamento de Defensa de Estados Unidos

Spriggs estima que se necesitarán otros dos años para escanear el resto de las películas, y más tiempo para completar el análisis y la desclasificación. Cuando se le preguntó por qué este proyecto es tan importante para él, expresó la perspectiva dominante entre los científicos de armas en LLNL: Él no quiere que se utilicen armas nucleares, y cree de manera categórica que la clave para asegurarse de que no se usen es asegurarse de que las reservas de EE.UU. sigan siendo un elemento de disuasión eficaz.

“Debemos ser capaces de validar nuestros códigos y confiar en que las respuestas que se están calculando son correctas”, dijo Spriggs. “El legado que me gustaría dejar atrás es un conjunto de datos de referencia que pueden ser utilizados por futuros físicos de armas para asegurarse de que nuestros códigos son correctos para que los Estados Unidos permanezcan preparados.

“Es simplemente increíble la cantidad de energía que se libera”, dijo Spriggs. “Esperamos que nunca más tengamos que usar un arma nuclear. Creo que si capturamos la historia de esto y mostramos cuál es la fuerza de estas armas y cuánta devastación pueden causar, entonces tal vez la gente se resista a usarlas.”

Artículo original publicado por el Lawrence Livermore National Laboratory. Revisado y traducido por ¡QFC!

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2017-03-19T21:39:24+00:00